Ciclo

Radicalismos: ¿sociedades amenazadas?

Radicalismos: ¿sociedades amenazadas?


Pestañas principales

El hecho que los ciudadanos europeos cuenten con estados de derecho consolidados, garantías democráticas y respecto a los derechos humanos ha hecho de Europa un faro de la democracia al mundo. Aun así, de manera cíclica, el viejo continente ha vivido momentos y expresiones de radicalidad y violencia, como los que hemos observado también en estos primeros años del siglo XXI. Observamos hoy movimientos de rechazo, rabia y miedo ante fenómenos globales ligados a cambios geoestratégicos, a conflictos bélicos o a una situación política, social y económica derivada de las deficiencias estructurales y coyunturales del sistema económico y social en el que nos encontramos. Estos fenómenos han tensionado las clases medianas de un continente que ha visto cómo se adelgaza la sociedad del bienestar, como tambalean los pilares del tradicional sistema de partidos políticos, y cómo se debilitan los valores fundacionales de la Unión Europea, hasta el punto que en determinados colectivos ha proliferado una creciente desafección en la construcción de futuros compartidos inclusivos.

Las sociedades civiles de los diferentes países que conforman la UE y Europa en su conjunto, han levantado la voz ante la percepción real de estancamiento en la resolución de los principales problemas que los angustian. Pero la expresión de esta alerta ha sido acompañada en ocasiones de radicalizaciones, violencia y formas de terrorismo que nos plantean dilemas y retos serios. Por un lado encontramos que la frustración, la resignación o el miedo pueden acabar deteriorando mucho los estándares aceptables de calidad de la democracia, y de la otra observamos como el mundo global genera unas amenazas también globales que han comportado una mayor presión y control sobre el ciudadano, que escucha discursos que tienden a replantear la noción de libertad para vivir en entornos más seguros. El repliegue nacional y grupal, y las dinámicas de exclusión del otro visto como la causa de las propias dificultades toma fuerza ante la debilidad de los mecanismos de deliberación democrática y las políticas inclusivas. Establecer puentes y diálogo y tomar en consideración las razones del otro para comprendernos tendría que permitir un conocimiento que hiciera reconsiderar algunas de estas posiciones. En este contexto, los extremismos religiosos, los populismos, o las realidades neofascistas nos ponen en tensión y a la vez son el espejo de reflexiones que pensábamos sabidas y que hace falta que volvemos a plantear desde perspectivas diferentes.

A los miedos, a las indignaciones y a las cóleras a menudo les falta reflexión. Para responder, hay que encontrar argumentos y contrastarlos. Por este motivo este año nos proponemos hacerlo a partir del diálogo con intelectuales, académicos y técnicos en el análisis y gestión de crisis que nos darán herramientas de análisis que nos permitan fortalecer el pensamiento crítico y conseguir aquello que Ernest Lluch pedía: dotarnos de saber para atrevernos a pensar por nosotros mismos.


Actividades del ciclo