EXPOSICIÓN

Talking Brains

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    CosmoCaixa Barcelona 

    Hasta el 28 de enero de 2018

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    • Dirección:

      Calle Isaac Newton, 26. Barcelona, Barcelona

    • Horario:

      De martes a domingo y los lunes festivos, los de Pascua, verano y Navidad, de 10 a 20 h 

    • Precio:

      Incluido en la entrada al Museo

       

    • Aforo:

      Plazas limitadas

    • Comentarios:

      Los menores de 16 años tienen que ir acompañados de un adulto para visitar CosmoCaixa

    • Accesibilidad:

    La exposición en un minuto

    • Bajo la aparente diversidad de las 7.000 lenguas del mundo, se esconde una facultad compartida por los seres humanos: el lenguaje. Las lenguas (orales o de signos) se parecen mucho más de lo que pensamos. Cuando las observamos de cerca, nos damos cuenta de que en realidad son la cara visible de un sistema que impregna prácticamente todo lo que pensamos y lo que somos.

    • Talking Brains presenta el lenguaje desde el punto de vista del cerebro, desde la perspectiva de su base biológica. Aquí olvidaremos los diccionarios, los profesores de lengua y las gramáticas normativas y viajaremos a nuestro cerebro en busca del lenguaje de la mano de paleoantropólogos, neurólogos, psicólogos, neurolingüistas y especialistas en computación.

    • Es un viaje interactivo en el tiempo. Iremos a visitar a nuestros parientes más lejanos para explorar la aparición del lenguaje, volveremos a la niñez para investigar la adquisición de la lengua materna y expandiremos el último medio segundo para entender el procesamiento del lenguaje en tiempo real.

    Cinco ideas clave

    Botones de las ideas clave
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    Lengua y lenguaje

    Independientemente de qué lengua utilicemos, todos los seres humanos compartimos un único lenguaje. El cantonés, el apache, la lengua de signos española o el latín son las caras visibles de una capacidad mental que nos une como especie.

    El lenguaje, más allá de permitirnos comunicarnos a través de las lenguas, nos permite llegar a formas de pensamiento lógico, abstracto y simbólico que son inaccesibles para las demás especies animales.

    Adquirir una lengua depende del lugar donde nacemos y de las personas con las que hablamos: es un constructo cultural, fruto de la actividad humana. Con la capacidad para el lenguaje, en cambio, nacemos por el mero hecho de ser humanos: es un objeto biológico, natural.

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    Lenguaje y comunicación

    Las posibilidades expresivas que nos da el lenguaje son prácticamente ilimitadas: lo podemos decir todo, cualquier cosa que se nos ocurra, cualquier cosa que podamos concebir. Es la herramienta comunicativa por excelencia.

    Pero, para comunicarnos, podemos usar muchos otros medios que no son lingüísticos: los dibujos de una señal de tráfico, las señales lumínicas de un faro, el silbido del cierre de las puertas del metro...

    Y, además, el lenguaje está presente en muchos momentos en los que no estamos comunicándonos: cuando pensamos la solución de un problema de matemáticas, cuando sopesamos una decisión, cuando soñamos...

    Aunque están relacionados, el lenguaje y la comunicación son dos cosas distintas. ¡No hay que confundirlas!

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    Una facultad omnipresente y compartida

    En algún momento de nuestra evolución como especie, tal vez poco a poco o probablemente de manera repentina, llegamos a desarrollar el lenguaje. Desde entonces, todo se ha convertido en una historia. Cuando nos preguntan quién somos, respondemos narrando nuestra vida o nuestra actividad. Cuando nos preguntamos hacia dónde vamos, construimos un relato esperanzador o catastrofista.

    Es inevitable: allí donde hay dos seres humanos, hay lenguaje. Pero es una facultad compartida: es necesario que haya al menos dos seres humanos para que aparezca. En soledad, por desgracia, el lenguaje no se desarrolla. Unos pocos casos de niños salvajes son testimonio de ello.

    Somos seres sociales y somos seres lingüísticos: hablamos y nos relacionamos. Durante la mayor parte del tiempo de nuestras vidas, el lenguaje lo impregna todo.

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    Las lenguas de signos

    A menudo la gente se sorprende al saber que las lenguas de signos no son un sistema universal. Ya hace más de cincuenta años que los científicos las reconocen como lenguas de pleno derecho: no solo tienen los rasgos que caracterizan el lenguaje humano, sino que, además, el comportamiento del cerebro al procesarlas es equivalente a cuando procesa las lenguas orales. Cuando las adquieren, los niños siguen los mismos patrones en ambas modalidades y la patología del lenguaje produce afectaciones similares tanto en hablantes como en signantes. Todo esto nos dice que las dos modalidades son expresiones de una misma facultad biológica.

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    El conectoma lingüístico

    A pesar de los intentos de vincular zonas concretas del cerebro con funciones lingüísticas específicas como el significado de las palabras, la articulación de sonidos o la comprensión de la lectura, cada vez es más evidente que el lenguaje se comporta similarmente al resto de capacidades superiores: la memoria, la atención, el juicio o la planificación, por ejemplo.

    A diferencia de las funciones primarias, como el movimiento o la percepción, las capacidades superiores viven en redes que se extienden por todo el cerebro. Es más, no dependen tanto de áreas concretas como del trabajo sincronizado de muchas zonas tanto en la superficie del cerebro (el córtex) como subcorticales.

    En el caso del lenguaje, esta red de conexiones que impregna buena parte del cerebro se denomina conectoma lingüístico.