CONFERENCIA

La libre circulación de personas: ¿Schengen a revisión?

  • Presentacion del evento

    Datos del Evento
    • 18 de enero de 2016

      A cargo de

      Araceli Mangas, especialista en ciencias morales y políticas

    • CONTACTO:
      • Lunes 18 de enero, a las 19.00 h

    • RESERVAS:
      • 93 400 53 59

    • Recomendado para:
      • Todos los públicos

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    La afluencia de ciudadanos de la UE hacia Estados miembros con opciones de trabajo y generosas ayudas sociales, el referéndum británico de retirada de la UE, la presión migratoria global y la crisis de los refugiados ponen en peligro uno de los fundamentos de la integración europea: la libre circulación de personas en un espacio unificado.

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    CERRAR
    Palau Macaya 

    18 de enero de 2016

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    • Dirección:

      Passeig de Sant Joan, 108 Barcelona, Barcelona

    • Horario:

      Lunes 18 de enero, a las 19.00 h

    • A cargo de:

      Araceli Mangas, especialista en ciencias morales y políticas

    • Reservas:

      • 93 400 53 59

    • Precio:

      Actividad abierta

    • Aforo:

      Plazas limitadas

    La sesión en un minuto

    • "Tras la paz, la libre circulación de las personas es lo que más valoramos los ciudadanos europeos. Pero llevamos un par de años, en este sentido, arrastrando graves problemas", analiza Araceli Mangas, catedrática de Derecho internacional público y relaciones internacionales en la Universidad Complutense de Madrid, encargada de la cuarta ponencia del ciclo ¿Qué pasa en Europa?, que organiza el Consejo Catalán del Movimiento Europeo con la Obra Social "la Caixa". El auditorio del Palau Macaya ha quedado lleno hasta los topes para oír el profundo y punzante análisis de esta académica de número de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas de España, y que tiene una cátedra Jean Monnet de Derecho de la UE. Mangas ha disertado sobre los problemas y necesidades de cambio desde dos vertientes.

      En primer lugar, en cuanto al flujo migratorio de inmigrantes que están entrando en el espacio de la Unión Europea; en segundo lugar, sobre cómo ejercemos este derecho de libre circulación y estancia los ciudadanos y ciudadanas miembros de los 28 (26 + 2) países que forman parte del tratado de Schengen. En una primera aproximación, Mangas recuerda que la Unión Europea como tal no tiene territorio propio: su territorio es el formado por los territorios de sus Estados miembros. "Por tanto, si no existe un territorio propio de la Unión, tampoco existen fronteras propias de la Unión." La gestión de las fronteras le corresponde a cada Estado –recuerda–, es su responsabilidad. La libre circulación de personas a través de estas fronteras es una situación de la que es responsable la policía de cada Estado miembro, aplicando unas normas comunitarias. "Y la Unión Europea no puede sustituir a la policía de cada Estado", resume. En este punto es donde Mangas se muestra más crítica.

    • Según la catedrática, en la crisis de los refugiados, es en este control fronterizo donde han fallado las cosas. "Cuando una persona entra en Europa, la clave tiene que ser que se haga bien el control en este punto de llegada", dice, exigente. Y las cosas, según ella, no se han hecho bien. "Partíamos de la confianza, del cumplimiento de las normas, del reconocimiento mutuo. Y eso, en estos puntos de control, ha fallado. Se han dejado pasar cientos de miles de personas. Hay que comprobar en todo momento que aquel que pasa es una persona honorable, porque una persona que llega a la Unión Europea no puede tener más derechos que un ciudadano europeo", razona Mangas.

      ¿Cuándo empezaron a tambalearse los principios fundamentales del tratado? "Schengen empezó a fallar en Italia, que se vio desbordada por la llegada de inmigrantes y acabó por abrir sus puertas. Y la Unión Europea no ofreció la asistencia adecuada para este país miembro", admite. Mangas aún es menos indulgente con los que han fallado posteriormente. En primera instancia, con Turquía, país que, pese a no ser miembro de la Unión Europea, alojaba campamentos de refugiados en su territorio. En un determinado momento, siguiendo unos intereses particulares ajenos al conflicto, Turquía dejó pasar a todas estas personas hacia Europa, según Mangas, "actuando de mala fe, con otros propósitos, y han hecho un negocio redondo con el tráfico de inmigrantes". En segunda instancia, Grecia. "El gobierno de Tsipras ha dejado pasar a 1,2 millones de personas. Lo que ha hecho es inaceptable, y además se ha negado a que la Unión Europea le ayude", recalca. Cuando se le pregunta por la creación de un cuerpo policial comunitario fronterizo –la mutualización de las fronteras– Mangas reconoce que aún está en mantillas y que no ve esta salida a corto plazo.

    • En cuanto al derecho de libre circulación de los propios ciudadanos y ciudadanas de la Unión Europea dentro del territorio formado por los Estados que forman parte del espacio Schengen, Mangas admite que algunos países han empezado a advertir que hay que revisar este tratado, con el Reino Unido en la cabeza de las reticencias. "Los problemas vienen generados por el turismo de bienestar", puntualiza. "Es un derecho fundamental, que afecta a 500 millones de ciudadanos europeos"; sin ninguna limitación si es por menos de tres meses, si es para un tiempo superior, hay que tener los medios para poder subsistir y un seguro médico. "La libre circulación no puede ser una carga para los otros", argumenta Mangas.

      "Hay que mejorar Schengen, mejorar los controles, tanto de mercancías como de personas. ¿Dejará de existir? No, rotundamente. No puede haber marcha atrás, porque la libre circulación es un derecho adquirido. Pero los controles deben ser mejorados", concluye Mangas.

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