Ciclo de conferencias

Reflexiones: la pobreza vista desde la infancia

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    El ciclo

    • Al empezar el año 2014, la pobreza estaba presente en uno de cada cuatro hogares con hijos, y uno de cada tres niños o adolescentes veía como la pobreza le privaba de derechos fundamentales.

    • Sin embargo, más allá de las respuestas que se están dando, se conoce poco sobre cómo cambian sus vidas y cómo es verdaderamente útil ayudarlos.

    • El programa CaixaProinfancia y el espacio de reflexión Palau Macaya creyeron conveniente impulsar el intercambio profesional de experiencias e ideas con la intención de construir un nuevo discurso sobre las infancias bajo la pobreza y sobre las propuestas de atención que las tengan en cuenta.

    Cinco ideas clave

    Botones de las ideas clave
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    Las respuestas a la pobreza olvidan la perspectiva de los niños y adolescentes

    Los niños y niñas no son pobres, sufren la pobreza de sus adultos en una sociedad desigual bastante difícil de explicar. Los impactos sobre su desarrollo, las posibilidades de aprender o de convivir, las experiencias infantiles negadas no siempre son las que nosotros destacamos. A veces intentamos ayudarlos sin descubrir sus miradas, sin respetar su condición de ciudadanos con derechos.

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    Las familias pobres necesitan ayuda cuando la pobreza crea impotencia educativa

    Los niños y niñas tienen su vida en las manos de otros, dependen de los adultos que deben cuidar de ellos. Ocuparse de sus familias es garantizar su derecho a importar a alguien, disponer de los afectos y estímulos de sus adultos. Ayudamos porque la pobreza priva a menudo del hogar, niega el tiempo de hacer de padre o madre, puede fragilizar las relaciones, enrarecer el clima emocional, hace difícil a una familia hacer de familia.

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    La pobreza compromete la educabilidad. La escuela necesita siempre la comunidad

    Muchos chicos y chicas que sufren la pobreza van a colegios empobrecidos. La pobreza agudiza la segregación escolar, reproduce la desigualdad de resultados en función de los orígenes sociales, priva a los alumnos de buena parte del contexto que hace posible aprender. Una escuela en positivo para los chicos y chicas que viven bajo la pobreza es aquella que sigue siendo una zona de confort y un contexto educativo compartido con la comunidad.

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    Los niños aprenden jugando. La pobreza no puede privar de ser feliz participando

    Para entender el mundo hay que jugar, formar parte de una diversidad de grupos, convivir, poder ser escuchado, aportar ideas, decidir. Cuando la familia empobrece pierde la capacidad de consumo, se reducen las relaciones, vuelve la calle, quizá solo entretienen las pantallas. Los tiempos de educación en el ocio, de experimentación en el territorio, de diversión y felicidad entre iguales tienen que estar tan garantizados como los tiempos escolares.

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    Dedicarse a sobrevivir genera malestares. Acompañar no es curar ni generar conformidad

    La pobreza monetaria genera otros empobrecimientos. En adultos y niños, puede alterar la serenidad vital, generar una especie de estrés permanente, romper vínculos, introducir nuevas vulnerabilidades; como mínimo produce malestares, dificultades y conflictos que precisan ser escuchados, compensados, acompañados. En ausencia de respuestas los niños y niñas pueden ser hiperdiagnosticados, tratados en lugar de ser ayudados a gestionar su mundo pobre.

    Los conferenciantes del ciclo